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Actualmente, el mercado de la cosmética está colmado de productos que incluyen como ingrediente activo el ácido hialurónico, otorgándole a menudo propiedades casi milagrosas. Para conocer sus efectos reales en los tratamientos estéticos, examinaremos sus características en profundidad.

El ácido hialurónico es un componente natural que está presente en todos los organismos vivos, junto a otros componentes similares como el colágeno y la elastina. Su principal función en el cuerpo es la de hidratar y lubricar tejidos y articulaciones, estando presente en zonas como la piel, los vasos sanguíneos, los cartílagos e incluso los huesos.

Además de su extracción de fuentes naturales, el ácido hialurónico puede sintetizarse y modificarse de forma artificial para responder mejor a las necesidades de su aplicación; mediante técnicas específicas en el laboratorio y la acción de ciertas sustancias puede obtenerse ácido hialurónico con distintos niveles de reticulación.

Esta reacción química es un proceso por el cual se forma una red tridimensional de polímeros, adquiriendo la sustancia más rigidez: así, con poca reticulación, el ácido hialurónico será más fluido y volátil, mientras que a mayor reticulación, se conseguirá una mayor espesor y durabilidad.


Aplicaciones cosméticas
En el ámbito de la cosmética se utilizan los productos que contienen ácido hialurónico para hidratar la piel y otros tejidos, defendiéndolos ante agresiones externas, lubricándolos y estimulando el fibroblasto, célula encargada de mantener unido el tejido conectivo y regenerar la piel. Para estos tratamientos de revitalización e hidratación se utiliza ácido hialurónico sin reticular, de modo que su absorción sea más sencilla y rápida, aportando sus propiedades nutritivas para tejidos y articulaciones.

Su otra aplicación principal es como material de relleno biodegradable y biocompatible en el tratamiento de arrugas, desde las más pequeñas hasta las más moderadas, y en la corrección de las pérdidas de volumen facial que se agravan con el tiempo. En este caso, el ácido hialurónico utilizado se reticula en mayor o menor medida según la consistencia que se requiera, facilitando su utilización como elemento de relleno estable.

En general, el ácido hialurónico se utiliza como ingrediente activo principal de multitud de productos cosméticos, además de incluirse en tratamientos varios como la revitalización, la bioestimulación o la mesoterapia. Los principales métodos de aplicación del ácido hialurónico son la inyección mediante un tratamiento de medicina estética o mediante cosméticos, ya sean cremas, sérums u otras formas.

– En el caso de las inyecciones directas a la epidermis, la técnica variará según el resultado que queramos conseguir: para un efecto de hidratación, se utiliza el ácido hialurónico en su estado natural sin reticular, con lo que se estimula el fibroblasto y la inyección se realiza a poca profundidad;  para un efecto de relleno, en cambio, se utiliza ácido hialurónico reticulado que permite corregir las arrugas y la falta de volumen, inyectándolo a mayor profundidad (en la dermis media, dermis profunda, o a nivel subcutáneo).

– En el caso de la aplicación de ácido hialurónico a través de productos cosméticos, éste hace su función en la capa más superficial, requiriendo una aplicación diaria constante para conseguir resultados. Lo ideal es la combinación de ambos métodos (inyecciones y productos cosméticos) para una optimización de los resultados.


AH para todo tipo de piel
Todas las pieles pueden verse favorecidas por la acción del ácido hialurónico, si bien su aplicación es más recomendable para tratar algunas dolencias concretas:

– Pieles secas: la deshidratación tiene un gran enemigo en el ácido hialurónico, ya que una de sus características más destacadas es su alta capacidad para retener el agua. Su labor natural en el organismo es, precisamente, la de mantener la hidratación, pero con el paso de los años la producción autónoma de este compuesto va disminuyendo. El ácido hialurónico aportado desde el exterior se absorbe con mucha facilidad y enseguida es asimilado por las células de la piel, aumentando las reservas de agua rápidamente y mejorando la textura y el aspecto del tejido cutáneo.

– Pieles envejecidas: como ya se ha dicho, el ácido hialurónico supone un excelente relleno completamente natural para arrugas y depresiones por pérdida de volumen. Su estructura molecular tiene forma de red, con espacios entre las moléculas que atraen el agua; al llenarse, el compuesto se expande y resiste la compresión, provocando un efecto esponja en la piel. De este modo, la dermis se alisa y aparece más jugosa y con más volumen, eliminando surcos y otros signos de envejecimiento.

– Pieles con manchas: también en el caso de pieles afectadas por las radiaciones solares o la contaminación ambiental puede utilizarse el ácido hialurónico para regenerar las células muertas. La aplicación y asimilación de este compuesto estimula la producción de fibroblastos, las células que trabajan en la cicatrización de heridas y la regeneración de la piel. Al revitalizar su ciclo celular, se detiene el proceso de envejecimiento y se restituye la circulación periférica, aportando a la piel más juventud y mayor luminosidad.

Como es de esperar, la técnica de aplicación variará según los objetivos que estemos buscando, así como los resultados finales. El protocolo y el número de sesiones de tratamiento serán diferentes según la zona a tratar así como la forma en que utilicemos el ácido hialurónico, pues como hemos visto no es lo mismo su uso como material de relleno o como hidratante y revitalizante.


Combinar con otros tratamientos
El ácido hialurónico es ya por sí mismo un tratamiento polivalente muy efectivo, pero pueden mejorarse aún más sus efectos y beneficios si su aplicación se acompaña de otros tratamientos estéticos oportunos, creando un efecto sinérgico. Así, por ejemplo, combinándolo con un peeling médico específico adaptado a cada zona tratada, la mejora en la textura de la piel será mucho mayor; o acompañándolo con la administración de toxina botulínica, conseguiremos suavizar las arrugas y líneas de expresión de manera mucho más significativa y duradera. Del mismo modo, añadiendo un tratamiento inductor de colágeno a la aplicación de ácido hialurónico, la piel se reestructura y recupera su firmeza, luchando con mayor efectividad contra la flacidez; incluso las terapias de bienestar y las corrientes biomoduladoras con efecto lifting, entre muchos otros tratamientos, pueden ver aumentados sus resultados.

Por regla general, los tratamientos con ácido hialurónico son altamente seguros y eficaces mientras se utilicen los productos apropiados y siguiendo las indicaciones de la técnica prescrita. Las consecuencias y efectos de este componente son siempre beneficiosos, ya que se está reponiendo un componente propio del organismo, aunque como en todo tratamiento médico-estético pueden surgir complicaciones en el caso de enfermedades autoinmunes y otras enfermedades o infecciones activas.

Hoy por hoy, existen muchísimos productos en el mercado que contienen ácido hialurónico, por lo que es muy importante seleccionar el producto adecuado, asegurándonos de que cumpla con todos los requisitos de seguridad exigidos por las autoridades y de que se hayan realizado estudios clínicos para comprobar y garantizar los resultados estéticos que cliente y paciente esperan del tratamiento.

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